Según Matute, “el Ateneo es básicamente una expresión
de la ‘generación revolucionaria’. De 64 ateneístas identificados, 57
nacieron en los años correspondientes a esa generación” (Matute 1983:
20). La historia les recordará como “generación”, no sólo por haber
nacido en el mismo periodo, sino también porque se acercaron en su
defensa de la cultura y las artes, los ideales sobre la educación, el
antipositivismo, y el antiporfirismo. Si bien es verdad que había
diferencias entre ellos, las analogías son muy llamativas. En este
sentido, Juan Hernández Luna ofrece una aclaración apropiada del lugar
preciso del Ateneo de la Juventud a principios del siglo XX:
Este Ateneo de la Juventud […] representa un recodo en
la historia de las ideas en México. No tiene los perfiles de las
instituciones del coloniaje, ni las características de las agrupaciones
del porfiriato. Es el primer centro libre de cultura que nace entre el
ocaso de la dictadura porfirista y el amanecer de la revolución del 20
de noviembre. Tiene, por tanto, fisonomía propia: es el asilo de una
nueva era de pensamiento en México. (Hernández Luna, “Prólogo”, Conferencias, 14-15)
Particularmente interesante nos parece la lectura de
Margo Glantz de los ateneístas. Glantz subraya la influencia del Ateneo
de la Juventud en la vida cultural mexicana del siglo XX, partiendo de
una cita de Monsiváis:
Representan la aparición del rigor en un país de
improvisación; impugnan frontalmente el criterio moral del porfiriato,
renuevan el sentido cultural y científico de México. Son precursores
directos de la Revolución. (Monsiváis citado en Glantz 1995: 163-164).
Sin embargo, Monsiváis matiza el “halo mitológico” de la generación del Ateneo:
Su importancia no es tan amplia ni tan demoledora […] y
su raigambre conservadora es imperiosa, aunque representaron una
alternativa frente al porfirismo. (Monsiváis citado en Glantz 1995:
164).
No obstante, Monsiváis, al igual que muchos otros
críticos, reconoce que los aportes culturales del Ateneo han sido
extraordinarios. Margo Glantz recalca aún más su importancia:
No es extraño entonces que su idea de la historia sea
eminentemente heroica, nostálgica, modelada en la palabra casi sagrada
del Ariel de Rodó, cuya estética estatuaria fue trasladada a una
práctica humanística: los intelectuales como héroes, como reformadores
de la patria. Héroes, copias al carbón de una poética (y una ética)
aristotélicas. Así, tanto Alfonso Reyes como Martín Luis Guzmán, ambos
hijos de militares destacados del porfirismo, asumen como su paradigma
natural la edad heroica griega. (Glantz 1995: 164-165)
Aunque los ateneístas no llegaron a establecer una
nueva filosofía, ni lanzaron una nueva corriente literaria o artística,
han jugado un papel preponderante en la crítica de la filosofía y la
política anterior. Hace falta subrayar también la originalidad y la gran
aportación creativa de cada uno de los cuatro ateneístas analizados.
Además, sus esfuerzos en la renovación de la educación en las clases
populares son inigualables. Son también los primeros en haber logrado
que el pueblo mexicano tome conciencia de su identidad nacional. Y eso a
través del estudio, inspirado por el ideal de la sabiduría y la
perfección.
El estudio de las conferencias, de las revistas Savia Moderna y Nosotros,
y de algunas obras de los ateneístas reveló que se trata de textos
fundamentales y muy representativos que permiten destacar varios
aspectos claves del Ateneo de la Juventud. Queda claro que los
ateneístas no sólo son “pensadores”, tal como los presentamos en la
introducción de este artículo, sino que manifiestan un compromiso muy
serio con la sociedad. Así como empezamos el análisis con una imagen,
“La Meditación”, de Paul Dubois, concluimos con una referencia al dibujo
de Diego Rivera, que fue usado para las portadas de Savia Moderna (159, 229, 297) [4]. El nombre de Diego Rivera aparece abajo a la derecha:
Es la representación de un hombre con el puño apretado y simboliza la
actitud revolucionaria de los ateneístas como auténticos educadores del
pueblo mexicano. Ambas imágenes, la reflexión y la acción, constituyen
juntas la esencia de lo que fue el Ateneo de la Juventud. Abogamos
finalmente por una mayor difusión, sobre todo fuera de México, tanto de
los textos originales de los ateneístas como de los estudios sobre
ellos. Queda todo un campo abierto para la traducción a otros idiomas de
unos textos que siguen inspirando para futuras investigaciones
históricas, políticas y literarias. En nuestra opinión, el experimento
del Ateneo de la Juventud puede constituir una inspiración para los
jóvenes de hoy, no sólo de México, sino también de otros países.
Específicamente para el mundo académico de hoy día, puede ser muy
revelador volver al proyecto del Ateneo de la Juventud no tanto como un
modelo a seguir sino como fuente de inspiración, particularmente por su
manera de percibir la relación entre investigación y enseñanza. Hace
falta pues una constante relectura, o revisión, de las conferencias y de
las obras de aquellos intelectuales extraordinarios que formaban parte
del Ateneo de la Juventud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario