jueves, 7 de agosto de 2014

LA IMPORTANCIA DEL ATENEO DE LA JUVENTUD EN LA CULTURA MEXICANA

Según Matute, “el Ateneo es básicamente una expresión de la ‘generación revolucionaria’. De 64 ateneístas identificados, 57 nacieron en los años correspondientes a esa generación” (Matute 1983: 20). La historia les recordará como “generación”, no sólo por haber nacido en el mismo periodo, sino también porque se acercaron en su defensa de la cultura y las artes, los ideales sobre la educación, el antipositivismo, y el antiporfirismo. Si bien es verdad que había diferencias entre ellos, las analogías son muy llamativas. En este sentido, Juan Hernández Luna ofrece una aclaración apropiada del lugar preciso del Ateneo de la Juventud a principios del siglo XX:
Este Ateneo de la Juventud […] representa un recodo en la historia de las ideas en México. No tiene los perfiles de las instituciones del coloniaje, ni las características de las agrupaciones del porfiriato. Es el primer centro libre de cultura que nace entre el ocaso de la dictadura porfirista y el amanecer de la revolución del 20 de noviembre. Tiene, por tanto, fisonomía propia: es el asilo de una nueva era de pensamiento en México. (Hernández Luna, “Prólogo”, Conferencias, 14-15)
Particularmente interesante nos parece la lectura de Margo Glantz de los ateneístas. Glantz subraya la influencia del Ateneo de la Juventud en la vida cultural mexicana del siglo XX, partiendo de una cita de Monsiváis:
Representan la aparición del rigor en un país de improvisación; impugnan frontalmente el criterio moral del porfiriato, renuevan el sentido cultural y científico de México. Son precursores directos de la Revolución. (Monsiváis citado en Glantz 1995: 163-164).
Sin embargo, Monsiváis matiza el “halo mitológico” de la generación del Ateneo:
Su importancia no es tan amplia ni tan demoledora […] y su raigambre conservadora es imperiosa, aunque representaron una alternativa frente al porfirismo. (Monsiváis citado en Glantz 1995: 164).
No obstante, Monsiváis, al igual que muchos otros críticos, reconoce que los aportes culturales del Ateneo han sido extraordinarios. Margo Glantz recalca aún más su importancia:
No es extraño entonces que su idea de la historia sea eminentemente heroica, nostálgica, modelada en la palabra casi sagrada del Ariel de Rodó, cuya estética estatuaria fue trasladada a una práctica humanística: los intelectuales como héroes, como reformadores de la patria. Héroes, copias al carbón de una poética (y una ética) aristotélicas. Así, tanto Alfonso Reyes como Martín Luis Guzmán, ambos hijos de militares destacados del porfirismo, asumen como su paradigma natural la edad heroica griega. (Glantz 1995: 164-165)
Aunque los ateneístas no llegaron a establecer una nueva filosofía, ni lanzaron una nueva corriente literaria o artística, han jugado un papel preponderante en la crítica de la filosofía y la política anterior. Hace falta subrayar también la originalidad y la gran aportación creativa de cada uno de los cuatro ateneístas analizados. Además, sus esfuerzos en la renovación de la educación en las clases populares son inigualables. Son también los primeros en haber logrado que el pueblo mexicano tome conciencia de su identidad nacional. Y eso a través del estudio, inspirado por el ideal de la sabiduría y la perfección.
El estudio de las conferencias, de las revistas Savia Moderna y Nosotros, y de algunas obras de los ateneístas reveló que se trata de textos fundamentales y muy representativos que permiten destacar varios aspectos claves del Ateneo de la Juventud. Queda claro que los ateneístas no sólo son “pensadores”, tal como los presentamos en la introducción de este artículo, sino que manifiestan un compromiso muy serio con la sociedad. Así como empezamos el análisis con una imagen, “La Meditación”, de Paul Dubois, concluimos con una referencia al dibujo de Diego Rivera, que fue usado para las portadas de Savia Moderna (159, 229, 297) [4]. El nombre de Diego Rivera aparece abajo a la derecha:
Es la representación de un hombre con el puño apretado y simboliza la actitud revolucionaria de los ateneístas como auténticos educadores del pueblo mexicano. Ambas imágenes, la reflexión y la acción, constituyen juntas la esencia de lo que fue el Ateneo de la Juventud. Abogamos finalmente por una mayor difusión, sobre todo fuera de México, tanto de los textos originales de los ateneístas como de los estudios sobre ellos. Queda todo un campo abierto para la traducción a otros idiomas de unos textos que siguen inspirando para futuras investigaciones históricas, políticas y literarias. En nuestra opinión, el experimento del Ateneo de la Juventud puede constituir una inspiración para los jóvenes de hoy, no sólo de México, sino también de otros países. Específicamente para el mundo académico de hoy día, puede ser muy revelador volver al proyecto del Ateneo de la Juventud no tanto como un modelo a seguir sino como fuente de inspiración, particularmente por su manera de percibir la relación entre investigación y enseñanza. Hace falta pues una constante relectura, o revisión, de las conferencias y de las obras de aquellos intelectuales extraordinarios que formaban parte del Ateneo de la Juventud.

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